La entrega del trofeo ocurrió sobre las 2:45 p.m. (hora española) en el salón de entrada de la zona de jugadores de la sede deportiva en Valdebebas de Real Madrid (en las cercanías del aeropuerto de Barajas), el nuevo y superpoderoso club que fichó por 80 millones de euros al talentoso jugador colombiano, de 23 años, quien es la sensación del momento en el fútbol mundial y una de las dos transferencias más caras hasta ahora para la nueva temporada europea, junto con la del uruguayo Luis Suarez, quien llegó al Barcelona por la misma cantidad.
Allí, sobre una mesita, de camiseta, jean y zapatos tenis, el también colombiano Fabio Zuluaga, gerente senior de mercadeo deportivo de la firma alemana de implementos deportivos dejó la caja negra de 60x60 centímetros que contenía el trofeo: un guayo de tamaño real, quizás talla 38 o 39, bañado en oro, de una libra o libra y media de peso, soportado en una base de grueso plástico transparente. Una estatuilla de 23 centímetros de alto por 27 de largo y con seis taches en la planta del botín.
-¿Ahí está lo mío?-, le preguntó James al funcionario, con la confianza de ser ya un viejo conocido suyo.
-Sí, ahí está lo suyo-, le contestó Zuluaga.
James, entonces, abrió el cofre y sacó la bota que miraba con inmensa satisfacción, sin parar de sonreír, sin parar de mirarla, como el niño al que, maravillado, se le salen los ojos con el regalo esperado bajo el árbol de Navidad.
Entonces posó para una rápida sesión fotográfica y de video frente a las cámaras de Adidas, Fifa y Real Madrid, de algunos empleados de las marcas, y de un par de amigos muy cercanos de James, uno de ellos, Leonardo Mantilla, exportero de las selecciones menores de Bogotá y, ahora, piloto de Avianca.
En una declaración formal enviada por Adidas, James dijo: "Estoy encantado de aceptar este premio en nombre de mi familia y mis compañeros de Selección. El torneo en Brasil fue una experiencia increíble para mí, también para Colombia. El equipo logró llegar a donde no lo habíamos hecho antes. Terminar el torneo como máximo goleador es un gran logro y espero que muchos más éxitos con Colombia y con mi nuevo club, Real Madrid".
¿Así no más…?
Acostumbrados al despliegue mediático tanto de la firma patrocinadora de implementos deportivos, que es socia también del mismo Real Madrid, no deja de parecer extraño tanto sigilo para entrega, sin prensa, sin agencias, sin hinchas en las tribunas… Fue una entrega tan privada, que por eso resultó en apariencia tan extraña…
Hubo dos versiones. De un lado se especuló en voz baja que Real Madrid no habría permitido una ceremonia 'abierta' para evitar celos en el camerino luego de la gran presentación y el suceso del fichaje del jugador colombiano, con la idea de protegerlo a él, al nuevo; y mantener el equilibrio de las estrellas en la ‘galaxia’ infinita del vestuario, por decirlo así. Evitaban, de esta forma, mayor presión sobre James con respecto, quizás, a sí mismo y frente a los monstruos de la ‘estratósfera’ del camerino blanco.
De otra parte, también surgieron versiones en el sentido de que la firma patrocinadora estaba interesada en hacer coincidir la difusión de las imágenes de James con su ‘Botín de Oro’ mundialista con el lanzamiento oficial de su nuevo modelo de guayos al mercado y para que existiera un mayor equilibrio de horaria para los medios de comunicación de América, Europa o Asia y para permitir la edición de un video y el envío de unas fotos en las mismas 'condiciones posibles de mayor igualdad'.
Eso sí: de lado y lado se pasaron la pelota, en susurros, en el sentido de que cada uno quería que la entrega del trofeo fuera abierto al público y a todos los medios de comunicación.
Sea como haya sido, en privado, casi que en silencio, sin ruido, James Rodríguez, el símbolo del fútbol colombiano del momento, el jugador de moda, la superestelar contratación de Real Madrid, ya tiene la Bota de Oro en sus manos, en su nueva casa de residencia en la capital española, al lado de los tres trofeos que la Fifa le dio por ser la figura de los partidos disputados por Colombia en el Mundial contra Grecia, Japón y Uruguay.
¡Qué botín! ¡Qué honor! ¡Qué orgullo! Y más que nada: ¡qué momento!
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